La Guerra Civil en Aragón determinó una quiebra de norte a sur en el territorio configurando un frente de batalla de más de 400 kilómetros desde el Pirineo de Huesca hasta el bajo Aragón turolense. La línea de división entre ambos bandos atravesaba la Sierra de Alcubierre, espina dorsal de los Monegros, lo que dio lugar a escenarios de guerra activos desde el momento de la sublevación hasta finales de marzo de 1938, cuando el imparable avance franquista rompió el frente aragonés. Vestigios de fortificaciones militares y elementos de defensa civil dan cuenta de la presencia de los contendientes en tierras monegrinas: trincheras, refugios, búnkeres, aeródromos, hitos funerarios, polvorines o parapetos de distinta naturaleza que hoy constituyen un preciado patrimonio histórico recuperado.

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